Lo siento a los que pensaron que ya me había ido después del semestre pasado, pero te prometo que esta es mi última historia con El Appalachian. Después de tres años y medio, voy a escribir sobre arqueología en lugar de traducir artículos de periodismo. Y probablemente voy a hacerlo en inglés.
La oportunidad de ser la editora de traducciones con El Appalachian fue una de las mejores experiencias de mi carrera universitaria y sólo desearía haber podido hacerlo por más tiempo.
He trabajado con cuatro juntas editoriales y cuatro equipos enteros del Appalachian y quiero agradecer a cada persona que ha hablado conmigo sobre el periodico, específicamente mis traductores y a Emily Escobedo Ramirez y Omar Alvarez Valencia porque ellos pueden leer esta columna.
Sé que la gente leyendo esta columna y la gente que habla español se forma una gran parte de nuestra comunidad y quiero agradecerles por leer nuestro periodico. No somos perfectos, pero hacemos lo mejor que podemos para la comunidad.
Durante mi época universitaria, tuvimos nuestros altibajos con el periodico, pero siempre estuvimos aquí con el mismo objetivo: servir a la comunidad. Con esta meta, siempre hicimos lo mejor que pudimos, incluso después de un huracán, una elección presidencial y un nuevo asesor.
Aunque mi especialidad es antropología y arqueología, recordaré mi tiempo con el periodismo por siempre. Recordaré todos los momentos de trabajar con cada persona que forma parte del Appalachian, para bien o para mal.
Mucha suerte a Kat Aguilar con las traducciones, lo harás genial.
Gracias a cada lector, cada traductor, cada editor y cada miembro del equipo por su confianza y fe. Hasta la próxima historia.
